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La Coctelera

Dónde estás

Muerte, dónde estás. Y pensar que un día te rehuí y ahora te deseo tanto como una flor mustia ser la atención de de una mariposa. Maldita tristeza que aprieta mi pecho y me ahoga sin quitarme el aire. ¿Es eso posible? Pregúntame que yo te contesto. Muerte, ¿dónde estás? No me huyas, que mi camino se torna oscuro y espinoso y no deseo seguir caminando. Deseo caer, dormir y no despertar. Sentir allivio, sentir tus manos sobre mis ojos y que éstos sean cerrados para siempre. Muerte, ¿dónde estás? Maldita sea, maldita ruina.

De nuevo... ¿por qué?

¿Qué me está pasando? ¿por qué aquí de nuevo? Si todo parecía superado. ¡Qué ciegos ojos! Siempre se ha dicho lo de corazón que no sufre si sus ojos no lo ven... y esta ansiedad que me está machacando y abrumando de nuevo. Pensé que en esta isla, isla de paso que llegué a contemplar como la última, era la definitiva para que las penas no volvieran. Parecía que la fuerza no me abandonaría... y cuando más de menos echo al amor y llega, cuando parecía que eso terminaría de embellecer mi cambio de período vital, todo se viene abajo y más abajo que nunca. Me ciega, me cansa y me aplaca. Me destroza cada día y me desploma al más sucio vacío. Pero cómo puede suceder... ¡si mi vida no es tan mala! ¿Por qué me supera? Noches vagando en el frío de esta isla, sin que Morfeo pueda hacer nada por hacerme descansar. Sin concentrarme y peor aún, con menos ganas de vivir que nunca. ¿Qué puedo hacer, si cuando más feliz debería estar es cuando más desgraciado me siento? Me debería alejar de esta rosa que es la que sin querer me está clavando sus espinas... pero tengo un problema. Que no concibo la vida alejado de ella. Maldita ironía... sólo tengo ganas de llorar...

¿Caída?

Después de tanto tiempo, de tantos momentos felices, me encuentro desbordado de nuevo. Sé que es temporal, pero estos dos días anteriores me hirieron... hasta el fondo. Era un paseo. Un supuesto regalo que creía tener controlado. Pero ella me falló y ellos también. Y esta vez no esperaba nada. Quizás sólo sea una tontería, pero hoy no me siento capaz de mirar hacia adelante. Quiero que pase el tiempo y los días y que por fin me vuelva a levantar. Pero las cosas se pusieron raras. No puedo escribir nada más...

¡Volando!

Sorprendente. Aún no puedo explicármelo. No se trata de nada extraordinario. Pero los dioses deben haberme perdonado (?). El aire sopló a última hora y decidí intentarlo de nuevo. Una corriente de aire extraña empujó mis alas, que aunque no en demasiado buen estado, aguantaron. Y llevo casi dos semanas volando. ¿Una nueva isla? No lo sé. Pero estoy más cerca de casa. Y eso lo noto en la nueva brisa que me llega a la cara. El nuevo Sol que sale cada mañana. Ésto es mucho. Gracias Zeus. Esta vez no te fallaré.

Directo a las rocas

La caída fue limpia. Con amagos de vuelo. Algunos planeos. Peros las alas no han resistido... y he caído. No me lamento demasiado. Estoy contento con mi obra, con mi manera de hacer esas alas. Pero debí haberlas cosido más fuerte. Y esa responsabilidad no puedo dársela ni al viento ni al Sol. Pero ahora ya no importa. Todo ha pasado y están en mi mente como un cuento. Un cuento que alguien me contó y que no ha sucedido. La próxima vez haré las alas tan fuertes que el mismo Neptuno temblará cuando las vea y aunque lo intente, no pueda hundirme.

Y por fin salté...

Por fin lo hice. De cabeza y sin mirar atrás. Con tres movimientos claves estudiados y preparados. No fueron como a mí me hubiera gustado ni apetecido, pero ya era demasiado tarde para hacer correcciones de última hora. De arrepentimientos ingenuos. De lágrimas no derramadas desde hacía demasiado tiempo. Lágrimas que me abrieron aún más los ojos ante lo que soy y lo que seré. El Destino me sonrió en el primer punto de apoyo con una piedra perferta en fuerza y textura para mi pies descalzos. Mi cuello y mis manos se hallan fuertes para la apertura de las alas y su movimiento cuan pajarillo que ansía libertad. Pero el despliegue de mis alas ha sido extraño. Un quejido en la madera. Un aspaviento de temor en mis telas me ha contagiado la terrible sensanción. Quizás no vuele... lo más seguro que no lo haga... pero ya no hay marcha atrás. El salto está dado y además... no quiero hacerlo. No quiero volver. Esto es lo que decidí. Moriré si hace falta en el intento... pero mi salto ya está hecho. Cierro los ojos mientras caigo y mi única pregunta es... ¿Volaré?

Preparando el salto...

Ya están mis alas listas. Ya lo tengo todo preparado. Ya se acabaron las dudas y las lágrimas. La sangre y el sudor. Recogeré mis alas, las empaquetaré. Me encamino a mi Destino. A ese Destino decidido hace meses. A probar unas alas que no sé si funcionan. Una salida que no sé si es la correcta. Pero... ya no me queda otra. Elegí esa parte de la isla y elegí esa forma de salir. No voy a arrepentirme. No dudaré. Porque estoy cansado de hacerlo. Miraré el horizonte y saltaré... ¡saltaré! Y ni el más fuerte de los pensamientos que quieran hacerme cambiar de opinión conseguirá nada. ¡Saltaré!

Golpeado de nuevo

La Tizona me ha golpeado una vez más. Demasiado malos sentimientos encontrados y buenos quehaceres diarios cada noche. De negros, oscuros trámitesque no entienden nada de esto del Querer. Pobre diablillo. Jamás entenderás quelo que deseassiempre huye por el otro lado. Que no podrás alcanzar aquello que anhelas porque no está a tu alcance. Y lo decía mirando al cielo, rogando por ella y pidiendo que nada nunca le fuera mal, porque aunque no la quiera... la quiero.