Por fin lo hice. De cabeza y sin mirar atrás. Con tres movimientos claves estudiados y preparados. No fueron como a mí me hubiera gustado ni apetecido, pero ya era demasiado tarde para hacer correcciones de última hora. De arrepentimientos ingenuos. De lágrimas no derramadas desde hacía demasiado tiempo. Lágrimas que me abrieron aún más los ojos ante lo que soy y lo que seré. El Destino me sonrió en el primer punto de apoyo con una piedra perferta en fuerza y textura para mi pies descalzos. Mi cuello y mis manos se hallan fuertes para la apertura de las alas y su movimiento cuan pajarillo que ansía libertad. Pero el despliegue de mis alas ha sido extraño. Un quejido en la madera. Un aspaviento de temor en mis telas me ha contagiado la terrible sensanción. Quizás no vuele... lo más seguro que no lo haga... pero ya no hay marcha atrás. El salto está dado y además... no quiero hacerlo. No quiero volver. Esto es lo que decidí. Moriré si hace falta en el intento... pero mi salto ya está hecho. Cierro los ojos mientras caigo y mi única pregunta es... ¿Volaré?